MOSCONI, ENTRE REGLAMENTOS, DESCALIFICACIONES Y UNA POLÍTICA QUE CADA VEZ DISCUTE MENOS LOS PROBLEMAS DE LA GENTE.
La respuesta del concejal Matías Montenegro a Roxana Gauna volvió a dejar expuesta una preocupante realidad del Concejo Deliberante: mientras los representantes se enfrentan por procedimientos, expedientes y protagonismos personales, las necesidades de los vecinos parecen quedar relegadas a un segundo plano.
En Mosconi, la discusión política necesita recuperar altura, contenido y responsabilidad.
La política de General Mosconi parece haber entrado en un terreno donde discutir ya no alcanza: ahora hay que descalificar, desacreditar y demostrar públicamente quién sabe más, quién tiene razón y quién conoce mejor el reglamento.
La reciente entrevista del concejal Matías Montenegro, en respuesta a las declaraciones de su par Roxana Gauna, es una muestra de esta preocupante dinámica.
Montenegro decidió responder con una extensa explicación sobre el reglamento interno, la Carta Orgánica Municipal, las diferencias entre disposiciones y resoluciones, el tratamiento de expedientes y el funcionamiento de la banca ciudadana.
Hasta allí, el debate podría resultar enriquecedor para la comunidad. Después de todo, conocer cómo funciona el Concejo Deliberante es un derecho de los ciudadanos.
El problema aparece cuando la explicación institucional termina mezclada con descalificaciones personales, acusaciones de mentiras, cuestionamientos sobre la capacidad de otros concejales y reproches que parecen responder más a las diferencias políticas que a la necesidad de encontrar soluciones.
¿Desde cuándo el conocimiento de un reglamento se convirtió en una competencia para determinar quién merece ocupar una banca?
EL REGLAMENTO NO PUEDE SER UN ESCUDO PARA LA MEDIOCRIDAD POLÍTICA
Montenegro sostiene que su intervención tuvo como único objetivo exigir el cumplimiento de las normas. Si esa fue la situación, corresponde analizar los documentos y determinar si efectivamente existieron incumplimientos.
Pero hay algo que ningún reglamento puede garantizar por sí solo: la calidad política de quienes lo aplican.
Un concejal puede conocer los 130 artículos del reglamento interno, citar la Carta Orgánica de memoria y distinguir perfectamente una resolución de una disposición. Sin embargo, eso no necesariamente lo convierte en un buen representante.
La capacidad legislativa también se demuestra escuchando, construyendo consensos, respetando las diferencias y comprendiendo que una banca no es una propiedad personal ni una plataforma para alimentar enfrentamientos.
La preparación técnica es necesaria. La madurez política también.
CUANDO LOS EXPEDIENTES SE CONVIERTEN EN CAMPO DE BATALLA

Uno de los puntos centrales de la explicación de Montenegro fue el expediente 819. Según manifestó, la documentación no habría llegado oportunamente a todos los concejales, situación que, desde su interpretación, impedía avanzar correctamente con su tratamiento, Si esto ocurrió de esa manera, estamos ante una cuestión que merece ser esclarecida.
Los expedientes deben estar disponibles, las actas deben reflejar lo sucedido y los procedimientos deben garantizar que cada representante pueda ejercer su función con información suficiente.
Pero la transparencia no puede depender de quién tiene el micrófono en una entrevista, Los vecinos necesitan conocer los documentos, no solamente escuchar las versiones de los protagonistas.
LA BANCA CIUDADANA NO PUEDE QUEDAR ATRAPADA EN LA INTERNA POLÍTICA
También apareció en la entrevista la discusión por la participación del presidente del barrio Güemes en la banca ciudadana.
Se habló de horarios, turnos, DNI y cumplimiento de procedimientos.
Está bien que existan reglas. Pero no debemos olvidar para qué existe ese espacio: para que los ciudadanos puedan acercar sus inquietudes y hacer escuchar sus reclamos, cuando un vecino necesita recurrir al Concejo Deliberante para plantear una problemática barrial, lo último que debería encontrar es una institución más preocupada por sus disputas internas que por garantizar mecanismos efectivos de participación.
La banca ciudadana no debería ser interpretada como un favor que un concejal concede o niega según su criterio político.
LA RESPONSABILIDAD NO ES SOLAMENTE DE LA OPOSICIÓN
Otro aspecto llamativo de la entrevista fue el reclamo de Montenegro a Gauna por su pertenencia a La Libertad Avanza y la falta de gestiones concretas ante el Gobierno nacional. Mencionó, entre otras cuestiones, la necesidad de una casa oncológica para Mosconi. El planteo puede ser legítimo. Los representantes políticos deben explicar qué gestiones realizan y qué resultados consiguen.
También corresponde preguntarles a los representantes del oficialismo qué resultados concretos pueden mostrar, qué proyectos consiguieron transformar en soluciones y qué controles ejercen sobre la administración municipal.
No alcanza con exigirle al adversario que gestione si después no se está dispuesto a someter la propia actuación al mismo nivel de exigencia. La ciudadanía no necesita discursos selectivos ni responsabilidades repartidas según conveniencias partidarias.
MOSCONI NO PUEDE SEGUIR SIENDO REHÉN DE SUS DIRIGENTES
Hay una realidad que debería preocupar mucho más que cualquier discusión reglamentaria: el Concejo Deliberante es una institución que representa a una comunidad con problemas concretos.
Mosconi necesita respuestas sobre infraestructura, servicios, agua, salud, educación, empleo, ambiente y desarrollo. Necesita concejales que investiguen, controlen, propongan y exijan explicaciones, Necesita oficialistas capaces de reconocer errores y opositores capaces de construir propuestas.
Necesita debates fuertes, sí, pero con argumentos, documentación y respeto institucional. Porque levantar la voz no significa tener razón. Conocer un reglamento no significa saber hacer política. Y ganar una discusión mediática tampoco significa haber cumplido con la responsabilidad para la que fueron elegidos.
LA PREGUNTA QUE DEBERÍA INCOMODAR A TODOS
Desde Cronos Multimedios creemos que el debate debe salir de la pelea entre nombres propios.
No se trata de defender a Gauna, a Montenegro, a Cabral ni a ningún otro sector político. Se trata de exigir que todos estén a la altura de la responsabilidad que asumieron frente a los ciudadanos. Si hubo irregularidades, que se documenten. Si hubo incumplimientos, que se expliquen. Si existen diferencias reglamentarias, que se resuelvan institucionalmente. Pero que nadie confunda la función pública con un escenario de disputas personales.
Porque mientras los concejales discuten quién conoce más el reglamento, hay vecinos que todavía esperan que alguien conozca, escuche y atienda sus problemas.
Y quizás allí esté la verdadera deuda de la política mosconense: no en la cantidad de artículos que sus representantes pueden citar, sino en la cantidad de respuestas concretas que todavía no consiguen darle a su pueblo.
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