PJ Salta: volvemos a creer, pero nunca dejamos de ser peronistas.
La normalización del Partido Justicialista abre una nueva etapa bajo la conducción de Julio San Millán. Para quienes nunca sacamos los pies del plato, nunca corrimos del costado el cuadro de Perón y Eva y seguimos defendiendo las banderas históricas del movimiento, la esperanza vuelve a abrirse paso. Pero la unidad no puede construirse con olvido.
Hay que recordar la intervención, las imposiciones externas, las preguntas pendientes sobre los fondos partidarios y dejar en claro que no somos cómplices del ajuste del gobierno de Javier Milei ni aplaudimos la persecución de dirigentes sociales.
Volver a creer sin renunciar a la memoria
El peronismo salteño atraviesa una nueva etapa. La normalización de sus órganos partidarios y el llamado de Julio San Millán a convocar a quienes se alejaron representan una oportunidad para reconstruir el Partido Justicialista, recuperar la confianza de la militancia y volver a poner en discusión un proyecto político con identidad propia.
Para muchos, esta etapa significa regresar. Para otros, significa reencontrarse. Pero hay un sector del peronismo que nunca se fue, que atravesó las divisiones, las intervenciones y las decepciones sin abandonar sus convicciones.
Somos los que nunca sacamos los pies del plato. Los que, aun en los momentos más difíciles, nunca corrimos del costado el cuadro de Juan Domingo Perón y Eva Perón. Los que seguimos creyendo en la justicia social, en la organización popular, en la defensa de los trabajadores y en la necesidad de que la política tenga como prioridad a quienes más necesitan del Estado.
Volvemos a creer en el PJ porque nunca dejamos de creer en el peronismo. Y precisamente por eso no estamos dispuestos a aceptar que la reconstrucción del partido se haga borrando su historia reciente, silenciando responsabilidades o negociando sus principios.
La unidad es necesaria. Pero la memoria también.

La intervención: una herida que el PJ no puede ignorar
En febrero de 2025, la conducción nacional del Partido Justicialista dispuso la intervención del PJ salteño y designó a Sergio Berni y María Luz Alonso al frente de esa tarea, desplazando a Esteban Amat, quien presidía el partido y tenía mandato para el período 2023-2027.
La medida abrió una profunda disputa institucional y política. En mayo de ese año, la jueza federal con competencia electoral María Romilda Servini declaró nula la intervención y restituyó a las autoridades provinciales, al considerar que no existían fundamentos suficientes para justificarla.
La decisión judicial quedó registrada en la cobertura de Noticias Argentinas.
Aquel episodio no puede quedar reducido a una discusión administrativa. Para el peronismo salteño, significó el desplazamiento de sus autoridades y la irrupción de una conducción impuesta desde afuera, en un conflicto que profundizó las divisiones internas.
Y aquí hay algo que debe decirse con claridad: el PJ de Salta tiene historia, dirigentes, militantes y territorio propio. No necesita que desde Buenos Aires le impongan quiénes deben conducirlo.
Durante aquella etapa también se discutió el intento de instalar dirigentes ajenos a la conducción provincial, entre ellos Leavy, en la disputa por el manejo del partido. Esa situación debe formar parte del balance político de lo ocurrido y merece ser examinada con nombres, decisiones y responsabilidades concretas.
Un partido puede renovar sus autoridades, discutir liderazgos y resolver sus diferencias. Lo que no debería aceptar es que se pretenda reemplazar la voluntad de su organización provincial mediante decisiones externas.
La autonomía partidaria no puede defenderse solamente cuando conviene. Es un principio que debe sostenerse incluso en los momentos de mayor conflicto.
Esteban Amat también forma parte de esta historia
La figura de Esteban Amat no puede quedar afuera de este capítulo. Era el presidente del PJ cuando se produjo la intervención y fue desplazado por una medida que posteriormente quedó sin efecto judicial.
Reconocer ese hecho no significa convertir su conducción en intocable ni sostener que no existan diferencias políticas que deban discutirse. Significa respetar la historia y entender que la reconstrucción no puede comenzar borrando a quienes fueron apartados de la conducción partidaria.
El peronismo necesita debatir sus errores, evaluar sus liderazgos y aprender de sus conflictos. Pero ese debate debe darse con reglas democráticas, participación de los afiliados y respeto por la institucionalidad.
La historia no puede escribirse según quién ocupa hoy los cargos. Tampoco puede convertirse en una herramienta para mantener enfrentamientos eternos.
Se trata de recordar lo que pasó para evitar que vuelva a suceder.
¿Qué pasó con los fondos del partido?
Otro de los asuntos que no debe quedar en el olvido es la administración de los recursos económicos durante la intervención.
Después de recuperar el control del PJ, la conducción provincial reclamó a Berni y Alonso una rendición de cuentas sobre el manejo de los fondos. El reclamo fue reflejado por Página/12.
También se difundieron declaraciones de dirigentes que sostenían que el partido disponía de recursos económicos antes de ser intervenido. Esas afirmaciones, por sí solas, no permiten concluir que haya existido un vaciamiento, pero sí refuerzan la necesidad de que las cuentas sean explicadas con documentación.
¿Qué fondos había al momento de la intervención? ¿Qué gastos se realizaron? ¿Qué obligaciones se pagaron? ¿Qué saldo quedó al finalizar la gestión de los interventores? ¿Se presentó una rendición de cuentas completa y verificable?
Son preguntas legítimas que deben responderse con balances, extractos bancarios, comprobantes y auditorías, no con versiones interesadas ni acusaciones sin sustento.
La transparencia no puede depender de quién administra el partido ni de la pertenencia política de quien debe rendir cuentas.
Si todo fue realizado correctamente, la documentación debe permitir demostrarlo. Si existen diferencias o irregularidades, corresponde aclararlas y determinar las responsabilidades que pudieran surgir.
No alcanza con convocar a la unidad y mirar hacia adelante si todavía quedan preguntas sobre el patrimonio y la administración de la organización.
La militancia merece explicaciones. El partido también.
La vieja Juventud Peronista dijo presente
La jornada de normalización dejó, además, una imagen con un significado especial: la presencia de dirigentes vinculados a la primera etapa del Consejo Provincial de la Juventud Peronista, un espacio que tuvo a Gustavo Sáenz como presidente.
Entre los referentes presentes estuvieron Federico Costanzo, Antonio Hucena, Adolfo Rosas, Milton Lazo, Adrián Zigarán y Gabriel Contreras.
Son nombres vinculados a una generación que conoció la militancia desde la organización juvenil, la construcción política y la pertenencia a un movimiento que buscaba formar dirigentes y generar espacios de participación.
Su presencia no debe entenderse solamente como un reencuentro de antiguos compañeros. También representa una oportunidad para recuperar una parte de la historia del peronismo salteño que merece ser reconocida y transmitida a las nuevas generaciones.
Quienes pasaron por aquella Juventud saben que los dirigentes no se construyen de un día para otro ni aparecen por decisión de una conducción circunstancial. Se forman en el trabajo territorial, en la discusión de ideas, en la militancia y en el compromiso con una causa colectiva.
Por eso, su presencia en esta nueva etapa tiene un valor que va más allá de la nostalgia.
El peronismo salteño tiene una historia que no empieza con una intervención ni termina con la normalización de sus autoridades. Tiene militantes que permanecieron, compañeros que resistieron las divisiones y generaciones que todavía creen que el partido puede recuperar su sentido original.
El desafío consiste en transformar esa memoria en participación real. Que no sea solamente una fotografía de dirigentes reunidos, sino el punto de partida para abrir el partido, escuchar a sus bases y construir una propuesta política que vuelva a convocar.
No somos cómplices del ajuste de Milei
La reconstrucción del PJ salteño también exige una definición política clara frente al rumbo del gobierno nacional.
Nuestra posición, como expresión de una tradición peronista que reivindica la justicia social y los derechos de los trabajadores, es de distancia y crítica frente a las políticas de ajuste impulsadas por el gobierno de Javier Milei.
No somos cómplices del ajuste ni aplaudimos medidas que trasladan el peso de la crisis sobre los sectores populares. No podemos mirar para otro lado cuando trabajadores, jubilados, familias de bajos ingresos y comunidades enteras enfrentan dificultades para sostener sus condiciones de vida.
Tampoco aceptamos que la protesta social sea descalificada de manera automática ni que los dirigentes sociales sean estigmatizados por representar reclamos colectivos.
Cada denuncia debe investigarse, toda persona tiene que responder por sus actos cuando existan pruebas y la Justicia debe actuar con garantías. Pero una cosa es investigar hechos concretos y otra muy distinta es convertir la organización social o el reclamo de derechos en motivo de persecución.

No se puede reivindicar la justicia social en los discursos y permanecer en silencio frente a las políticas que afectan a quienes más necesitan protección.
El peronismo nació como una fuerza política ligada a los derechos laborales, la movilidad social, la organización de los trabajadores y la ampliación de derechos. Esos principios no deberían quedar subordinados a conveniencias circunstanciales ni a acuerdos de dirigentes.
En Salta, y especialmente en el norte provincial, hablar de ajuste no es una discusión abstracta. Es hablar de empleo, ingresos, producción, servicios públicos, educación, salud y oportunidades para los jóvenes.
Por eso, la unidad del PJ debe tener contenido. No alcanza con completar los cargos partidarios y convocar a los compañeros que se alejaron. Hay que definir qué proyecto se quiere construir, a quiénes se pretende representar y qué posición se asumirá frente a las decisiones del poder nacional.
Volver a creer en el PJ también significa recuperar una voz propia, capaz de defender a los trabajadores y a los sectores populares sin especulaciones ni silencios convenientes.
Julio San Millán y el desafío de una unidad verdadera
La convocatoria de Julio San Millán a quienes se alejaron puede abrir una etapa diferente. Recuperar a los compañeros que tomaron otros caminos es una tarea necesaria para cualquier partido que aspire a representar a una sociedad diversa.
Pero la unidad no puede reducirse a un acuerdo entre dirigentes para distribuir responsabilidades y cerrar las disputas del pasado. Tiene que expresarse en hechos: apertura a la militancia, participación de los departamentos del interior, respeto por las diferencias, renovación de ideas y mecanismos transparentes para administrar los recursos partidarios.
Quienes se alejaron deben poder regresar. Quienes permanecieron deben ser escuchados. Los jóvenes tienen que encontrar espacios reales de participación y los militantes históricos merecen que su trayectoria no sea utilizada solamente cuando se necesita mostrar una imagen de unidad.
Y quienes tomaron decisiones que perjudicaron al partido deben estar dispuestos a explicarlas y asumir las consecuencias políticas que correspondan. La memoria no es venganza. La rendición de cuentas no es persecución. La autocrítica no es debilidad.Son condiciones necesarias para reconstruir la confianza.

San Millán tiene la oportunidad de convertir la normalización institucional en algo más profundo: una recuperación política y moral del partido, con identidad, autonomía y un proyecto que vuelva a conectar con las necesidades de la sociedad salteña.
Los que nunca sacamos los pies del plato.
En esta nueva etapa hay una palabra que tiene un significado especial: pertenencia.
Porque mientras el partido atravesaba intervenciones, enfrentamientos y divisiones, hubo compañeros que siguieron sosteniendo sus convicciones. Algunos ocuparon cargos, otros no. Algunos continuaron en la estructura partidaria y otros militaron desde espacios más pequeños. Pero muchos mantuvieron intacta su identificación con las banderas históricas del movimiento.
Son los que nunca sacaron los pies del plato. Los que nunca quitaron del costado el cuadro de Perón y Eva. Los que no necesitaron renunciar a su identidad para atravesar las dificultades políticas.
Eso no significa que quienes se alejaron no puedan volver ni que exista una única manera de ser peronista. Las puertas deben estar abiertas. Pero también debe reconocerse el valor de quienes permanecieron cuando no había cargos que repartir ni garantías de reconocimiento.
La lealtad no puede medirse por la cercanía a una conducción circunstancial. Se expresa en la coherencia entre las ideas, las decisiones y la conducta política.
Volver a creer en el PJ no es una declaración de obediencia a sus autoridades actuales. Es una apuesta a que el partido pueda recuperar su razón de ser: organizar, representar, debatir y construir una alternativa para la sociedad.
No volvemos porque nos hayamos ido. Volvemos a creer porque, a pesar de todo, nunca dejamos de ser peronistas.
Unidad sí, amnesia no
La normalización del PJ salteño abre una oportunidad, pero no resuelve automáticamente las heridas acumuladas.
La intervención, el desplazamiento de Esteban Amat, los cuestionamientos a la conducción impuesta desde afuera y las preguntas sobre la administración de los fondos forman parte de una historia que debe ser examinada con seriedad. Del mismo modo, la nueva conducción tiene la responsabilidad de demostrar que la unidad será algo más que una consigna.
La presencia de referentes de la vieja Juventud Peronista recuerda que el partido tiene raíces, memoria y generaciones que aportaron a su construcción. La militancia que permaneció también reclama su lugar, no para apropiarse del PJ, sino para que su identidad histórica no sea reemplazada por acuerdos coyunturales.
Y la posición frente al gobierno nacional debe ser coherente con los principios que el justicialismo dice defender: ni complicidad con el ajuste ni indiferencia frente a quienes reclaman por sus derechos.
El peronismo salteño necesita mirar hacia adelante, pero sin negar lo que ocurrió. Necesita integrar, pero sin encubrir. Necesita renovar sus dirigentes, pero sin aceptar imposiciones externas. Necesita recuperar la confianza, pero también demostrar que aprendió de sus errores.
Volvemos a creer en el PJ los que nunca sacamos los pies del plato, los que nunca corrimos del costado el cuadro de Perón y Eva, los que seguimos creyendo que la política debe estar al servicio del pueblo.
La unidad es necesaria para reconstruir el partido. La memoria es indispensable para no repetir sus errores. La transparencia es la condición para recuperar la confianza. Y la justicia social debe seguir siendo una bandera irrenunciable.
Porque el peronismo no puede ser solamente una estructura de autoridades, un sello electoral o una mesa de acuerdos. Tiene que volver a ser una identidad política, una herramienta de participación y una esperanza para quienes necesitan que la política vuelva a mirar hacia su lado.
Volvemos a creer. No porque hayamos olvidado, sino porque seguimos creyendo en las banderas que nunca abandonamos. Perón y Eva siguen estando ahí, en el mismo lugar de siempre. Y desde ese lugar queremos que el PJ vuelva a ponerse de pie.
CRONOS HD
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