Mosconi: ¿Un pueblo que se nos escapa o una comunidad que olvidamos construir?
Cuando un pueblo se desfila a sí mismo y ya no tiene quién lo aplauda, es momento de preguntarnos si la estructura social que habitamos está colapsando o, simplemente, si hemos dejado de interesarnos por el otro.
Las imágenes son elocuentes, aunque a veces elijamos no verlas. En nuestros últimos eventos públicos, hemos sido testigos de un fenómeno que debería encender todas las alarmas: una puesta en escena donde el número de quienes desfilan supera, con creces, al de quienes miran.
Mosconi se está quedando sin gente. Esta es una realidad que se siente en el aire, en el silencio de las calles y en la diáspora constante de nuestros jóvenes que, ante la falta de horizontes, ven en la partida su única alternativa. Pero mientras lloramos esa pérdida, cometemos un error aún más grave: abandonar a quienes se quedaron.
El olvido de nuestros mayores
¿Qué clase de comunidad somos si, en el espacio que debería ser de todos, no hay lugar para nuestros adultos mayores? Es indignante observar cómo, en cada acto o desfile, la falta de accesibilidad, la ausencia de asientos adecuados y la indiferencia ante sus necesidades físicas terminan por expulsarlos.
No se trata solo de una silla o una rampa; se trata de dignidad. Nuestros ancianos no son espectadores de segunda categoría; son la memoria viva, el archivo histórico que sostiene nuestra identidad. Cada vez que les negamos un acceso fácil o un trato preferencial, les estamos enviando un mensaje cruel: “Ustedes ya no forman parte de este futuro que estamos construyendo”.
Una convocatoria que necesita alma
La falta de público en nuestras celebraciones no es casualidad. Es el síntoma de una desconexión profunda entre los organizadores y la ciudadanía. Cuando el diseño de un evento prioriza la foto para las redes sociales, la estética superficial o la agenda política, antes que la comodidad y la participación real de los vecinos, el resultado es inevitable: un evento vacío, frío y desconectado de su esencia.
Los gobernantes deben entender que la gestión pública no es organizar desfiles para que se aplaudan entre sí. La verdadera política es aquella que logra que una abuela pueda llegar a la plaza sin miedo a tropezar, que un joven quiera quedarse porque siente que su comunidad lo incluye, y que cada ciudadano se sienta parte de un relato colectivo que vale la pena celebrar.
¿Hacia dónde vamos? Mosconi necesita un cambio de rumbo urgente. Necesitamos dejar de maquillar la realidad con eventos sin alma y empezar a trabajar en políticas que retengan el talento, aseguren el bienestar de nuestros mayores y fortalezcan el tejido social.
La pregunta para cada uno de nosotros, vecinos, es: ¿queremos ser una comunidad que se desintegra en la indiferencia o una que recupera el valor de la unión? El cambio empieza por dejar de mirar hacia otro lado cuando vemos a un anciano sin lugar, y por exigir, con voz firme, que nuestra ciudad sea un hogar para todas las edades, no solo para quienes aún tienen fuerzas para seguir el ritmo de una ciudad que, de tan apurada, se está olvidando de su gente.
"¿Estamos dejando atrás a los nuestros?" ¿Qué crees que le falta a Mosconi para volver a ser una comunidad donde todos tengamos nuestro lugar?"
CRONOS HD
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